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¿Hemos renunciado al derecho a la ciudad? De ser así,
¿Es una causa o una consecuencia de la pérdida
progresiva de la capacidad de soñar, de la voluntad
de imaginar y, tal vez, de desear la ciudadanía plena?
¿Será que el deterioro de las condiciones materiales
determina nuestros sueños y demandas? En consecuencia:
¿Combatimos la pobreza o nos limitamos a “aliviarla”.
¿Ya no nos creemos sujetos potenciales de cambio, portadores
de talentos y energía para superar el statu quo? ¿Seguiremos,
por tanto, atendiendo lo inmediato y contingente, “tapando
baches”, sin incursionar en el campo de la imaginación
y el deseo? ¿Por qué tuvo más peso el
“no podemos”, “eso no va funcionar aquí”
que un proyecto urbano para extender la ciudad a lo largo
de las costas? Fueron los argumentos mayormente esgrimidos
para desechar el Proyecto de la Franja Costera de Asunción.
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