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TRANSFORMACIONES URBANAS
Encuentro, espacio público, centralidades
Circulación, espacio privado, centros comerciales¿Qué
comparten verdaderamente las gentes de los semi-rurales
barrios de invasión y villas, con los condominios
de clase media y los apartados barrios de la clase alta,
blindados por los sistemas más sofisticados de
vigilancia y control? ¿Serán el partido
político, club fútbol y la música?
En la ciudad estallada y descentrada, ¿qué
convoca hoy a las gentes a juntarse, qué imaginarios
hacen de aglutinante y en qué se apoyan los reconocimientos?
Jesús Martín Barbero
El desarrollo urbano se ha nutrido del paradigma informacional,
centrado en el concepto de flujo (tráfico ininterrumpido,
interconexión transparente, circulación)
por encima del encuentro: vale más que la gente
circule y se interconecte antes que se encuentre y se
reúna.
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Son tres los procesos que se consolidan :
- La des – espacialización (conformación
de enclaves): el espacio urbano no cuenta sino en cuanto
valor asociado al precio del suelo y a su inscripción
en los movimientos del flujo vehicular… La materialidad
histórica de la ciudad en su conjunto sufre así
una fuerte devaluación, su “cuerpo-espacio”
pierde peso en función del nuevo valor que adquiere
su tiempo, “el regimen general de la velocidad”…
pero el desarraigo urbano remite, por debajo de ese bosque
de imágenes, a otra cara de la des-espacialización:
la borradura de la memoria que produce una urbanización
racionalizadamente salvaje… Y sin referentes a los
que asir su reconocimiento los ciudadanos sienten una inseguridad
mucho más honda que la que viene de la agresión
directa de los delincuentes, una inseguridad que es angustia
cultural y pauperización psíquica, la fuente
más secreta y cierta de la agresividad de todos”.
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- El des – centramiento (nuevas centralidades):
señala no tanto la manoseada descentralización
sino la “pérdida de centro”. Pues no
se trata sólo de la degradación sufrida por
los centros históricos y su recuperación “para
turistas” (o bohemios, intelectuales, etc.) sino de
la propuesta de una ciudad configurada a partir de circuitos
conectados en redes cuya topología supone la equivalencia
de todos los lugares. Y con ello, la supresión o
desvalorización de aquellos lugares que hacían
función de centro, como las plazas. El descentramiento
que estamos describiendo apunta justamente a un ordenamiento
que privilegia las avenidas rectas y diagonales, en su capacidad
de operativizar enlaces, conexiones de flujos versos la
intensidad del encuentro y la peligrosidad de la aglomeración
que posibilita la plaza… Nos quedan, ahora en plural
y en sentido “desfigurado”, los centros comerciales
reordenando el sentido del encuentro entre las gentes, esto
es funcionalizándolo al espectáculo arquitectónico
y escenográfico del comercio y concentrando las actividades
que la ciudad moderna separó: el trabajo y el ocio,
el mercado y la diversión, las modas elitistas y
las magias populares.
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- La des – urbanización (enclavamiento,
formación de áreas homogéneas autosuficientes
): indica la reducción progresiva de la ciudad que
es realmente usada por los ciudadanos. El tamaño
y la fragmentación conducen al desuso por parte de
la mayoría no sólo del centro sino de espacios
públicos cargados de significación durante
mucho tiempo. La ciudad vivida y gozada por los ciudadanos
se estrecha, pierde sus usos… Otro sentido de la desurbanización
es el de la ruralización…. A medio hacer como
la urbanización física, la cultura de la mayoría
que las habita se halla a medio camino entre la cultura
rural – en que nacieron – ellos, sus padres
o al menos sus abuelos – ya rota por las exigencias
que impone la ciudad, y los modos de vida plenamente urbanos.
En este contexto, emerge la “cultura del rebusque”
que devuelve vigencia a “viejas” formas de supervivencia
rural, que vienen a insertar, en los aprendizajes y apropiaciones
de la modernidad urbana, saberes y relatos, sentires y temporalidades
fuertemente rurales.
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- Ver Martín-Barbero. Oficio
de Cartógrafro. Travesías latinoamericanas
de la comunicación en la cultura. Fondo de Cultura
Económica. Santiago, 2002.
- Beatriz Sarlo dirá para el caso
de Buenos Aires que “La velocidad con la cual el
shopping se impuso en la cultura urbana no recuerda la
de ningún otro cambio de costumbres, ni siquiera
en este siglo, que está marcado por la transitoriedad
de la mercancía y la inestabilidad de los valores”
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